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Es difícil encontrar una definición que cubra los aspectos clínicos y biológicos del cáncer. La razón es bien sencilla. Este diagnóstico se aplica a más de un centenar de enfermedades (desde las leucemias agudas, hasta los tumores cerebrales) que tienen sólo dos rasgos en común, uno biológico y otro clínico. El primero está relacionado con la existencia de una población heterogénea de células anormales que se expande de forma incontrolada a expensas del organismo donde se alberga; invade y destruye las estructuras que la rodean y coloniza otros tejidos. La capacidad de infiltrar y metastatizar unifica este grupo de enfermedades y les confiere el carácter de malignidad. El rasgo clínico está relacionado con el curso de la enfermedad; si ésta se ha hecho evidente, la evolución sin tratamiento es letal en el 100% de los casos; el resto de los componentes clínicos, desde la etiología hasta la respuesta al tratamiento, se caracterizan por una gran variabilidad. Se ha incluido un condicional (si ésta se ha hecho evidente…) para resaltar un hecho que permita empezar a comprender la naturaleza del cáncer: la prevalencia de lesiones microscópicas en las autopsias es, en algunos carcinomas (mama, próstata y tiroides), superior a la prevalencia cínica (Black. 1993); lo que sugiere que existen poblaciones tumorales que no progresan hasta dar origen a una enfermedad. Por otro lado, la investigación básica está modificando muchos de los enfoques de la investigación clínica. Este cambio queda perfectamente reflejado en el título del artículo publicado en Nature Medicine por Bell (1999): Clinical research is dead. Long live for clinical research. El autor considera que se ha agotado la investigación clínica clásica que fue capaz de construir, integrando datos recogidos junto a la cama del enfermo, el corpus de la medicina actual. Pero, a la vez, han surgido nuevas líneas de investigación; su objetivo, interpretar los síntomas a la luz de las aportaciones de la Biología Molecular. Para su desarrollo será necesario realizar, en primer lugar, un debate crítico sobre muchas de las teorías actuales (Holmberg, 1996); habrá que olvidar muchas de las cosas que se nos presentan como infalibles. Y explorar las nuevas fronteras que se han abierto en las dos o tres últimas décadas; especialmente tras la secuenciación del genoma humano. Desde estas nuevas orientaciones, la investigación clínica seguirá siendo “una ciencia humilde de observación de la Naturaleza”. |
BIBLIOGRAFÍA
Black WC, Welch HG. Advances in diagnostic
imaging and overestimations of disease prevalence and the benefits of therapy.
N Engl J Med. (1993) 328(17):1237-43. PMID: 8464435
Bell JI. Clinical research is dead; long live for
clinical research. Nature Med 1999; 5(5): 47-8. PMID: 10229217
Holmberg L, Baum M. Work on your theories!.
Nat Med. 1996; 2(8): 844-6. PMID: 8705844