Terminada la primera serie sobre Biología Tumoral, se inicia, con este capítulo, el estudio clínico del cáncer. Para la mayoría de las enfermedades, este estudio se puede realizar desde un doble enfoque: descriptivo o interpretativo. La descripción de los síntomas es la base para el diagnóstico; su interpretación ayuda a conocer la historia natural de la enfermedad. En estos capítulos, y en los artículos que los precedieron, se ha optado por el último enfoque; es el  que mejor se ajusta al concepto de “Formación Continuada”, que englobó la publicación inicial y que va a presidir esta publicación on line.  Este capítulo y los que siguen se han agrupado en tres series que se ocuparán, respectivamente, del cáncer de mama (cap. 9 a 16), de las hemopatías malignas (cap. 17 a 23) y de los cambios moleculares en algunos tumores sólidos, para lo que se han seleccionado ejemplos paradigmáticos (cap. 24 a 28).

Esta serie se dedica, exclusivamente, al estudio del adenocarcinoma mamario femenino. Una enfermedad que comprende cuadros tan dispares como los carcinomas in situ y la mastitis carcinomatosa. Se prescinde, por lo tanto, de otros tumores malignos que se localizan en la mama (sarcomas o linfomas), de las metástasis mamarias de otros carcinomas y del cáncer de mama en el varón (representan, en conjunto, menos del 2% de la patología tumoral mamaria).

El cáncer de mama ha estado, en las tres últimas décadas, en la frontera de la investigación oncológica. Muchos de los avances en este terreno pueden servir como referencia para comprender otros aspectos de la Oncología. A la vez, el panorama asistencial ha experimentado un cambio extraordinario en los últimos 30 años. Ha aumentado el número de casos diagnosticados en fases muy tempranas de la enfermedad, cuando la diseminación aún no ha ocurrido o es mínima; y en los que es posible una larga supervivencia sin síntomas de enfermedad. Y hay nuevas posibilidades de tratamiento; la cirugía es menos agresiva y se dispone de nuevos medicamentos más eficaces y menos tóxicos De hecho, la mortalidad por cáncer de mama ha empezado a disminuir  en los países desarrollados (Mettlin, 1999). Y es el primer tumor epitelial en el que esta tendencia se mantiene desde hace más de 10 años (Jemal, 2007). Cabe, por lo tanto, preguntar si ha sido posible curar un determinado número de enfermas y si, con los nuevos medicamentos, va a aumentar el número de curaciones. De todas formas, en Oncología, la palabra curación hay que emplearla con suma cautela. Quizá sea solo un concepto estadístico, aplicable a grupos de enfermos, más que una realidad personal.

Paralelamente, ha aumentado el interés por el estudio de parámetros clínicos o biológicos (factores pronósticos) que permitan ajustar el tratamiento a la evolución previsible de la enfermedad. Y, sobre todo, se dispone de una abundante información aportada por la investigación básica que ha cambiado muchas de las formas de comprender y enfrentarse a la enfermedad. Estas nuevas orientaciones han permitido pronosticar el inicio de una nueva era; en ella, las inseguras medidas del tamaño del tumor serán reemplazadas por medidas de los procesos biológicos que ayuden a individualizar la estrategia terapéutica y minimizar la toxicidad. Aunque deberán pasar algunos años para llegar a su pleno desarrollo (Bogaerts, 2006). Es probable que, mutatis mutandis, estas orientaciones sirvan de referencia para estudiar lo que ocurre en otras neoplasias.

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Bogaerts J, Cardoso F, Buyse M et al.  Gene signature evaluation as a prognostic tool: challenges in the design of the MINDACT trial. Nat Clin Pract Oncol. (2006) 3:540.

Jemal A, Siegel R, Ward E et al.  Cancer statistics, 2007. CA Cancer J Clin. (2007)  57:43

Mettlin C.  Global breast cancer mortality statistics. CA Cancer J Clin. (1999) 49:138